Musicoterapia

MUSICOTERAPIA

Basándonos en los estudios de Benenzon (2000), que a su vez se basan en Juliette Alvin (1969), podemos definir a la Musicoterapia como “una psicoterapia que utiliza el sonido, la música y los instrumentos corporales-sonoro-musicales para establecer una relación entre musicoterapeuta y paciente o grupo de pacientes, permitiendo a través de ella mejorar la calidad de vida y recuperando y rehabilitando al paciente para la sociedad.

Es decir, la Musicoterapia es el campo de la medicina que estudia el complejo sonido-ser humano-sonido, con el objetivo de abrir canales de comunicación en el ser humano, producir efectos terapéuticos, psicoprofilácticos y de rehabilitación en él mismo y la sociedad” (Benenzon: Musicoterapia de la teoría a la práctica; 2013).

Partiendo de esta definición, el principal objetivo que me propongo es desarrollar el potencial de las funciones del usuario o usuaria. Además, la capacidad de la música de actuar a todos los niveles va a permitir a la Musicoterapia objetivos tan ambiciosos como:

  • Desarrollar habilidades sociales.
  • Mejorar estrategias de comunicación.
  • Disminuir comportamientos repetitivos.
  • Desarrollar la creatividad.
  • Desarrollar destrezas manipulativas finas.
  • Favorecer el conocimiento físico, emocional, intelectual y social de uno mismo.

Por todo ello, la Musicoterapia ayudará a desarrollar las habilidades en diferentes áreas:

Habilidades motrices: a través de las actividades musicales se trabaja la coordinación y el equilibrio, la movilidad y el desarrollo de las actividades motrices funcionales. A la vez, se puede lograr la mejora de la coordinación motora, la amplitud de movimiento, el tono muscular y la respiración.

Habilidades sensoriales: mediante técnicas musicales dirigidas se aumenta la capacidad de recibir y diferenciar estímulos sensoriales. Posteriormente, se logra una organización e interpretación de los mismos y la producción de la respuesta deseada.

Habilidades cognitivas: con la música como elemento motivador se estimulan las funciones superiores: la atención, la memoria, el nivel de alerta, la orientación, el reconocimiento, el aprendizaje y la imaginación.

Habilidades socio-emocionales: las técnicas musicales receptivas y activas facilita la expresión y el compartir de emociones y sentimientos a la vez que promueven la interacción y las habilidades sociales. Por otro lado, el uso terapéutico de la música fomenta el autoconocimiento de la persona, permitiendo un aumento de su autoestima y una reducción de los sentimientos depresivos, de ansiedad y de estrés.

Por último, la metodología estará basada en la actividad. Así, las sesiones (de entre 45´a 50´) serán individuales; a lo largo de ellas y, basándonos en el cancionero popular y el instrumental Orff, abriremos un camino a través del usuario y su propio conocimiento gracias a la música.

 

 

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